Maui Alena

Cinéfilo
Especialista en Comisariado y Desarrollo de Proyectos Cinematográficos y Audiovisuales – Elías Querejeta Zine Eskola (España). Realizador Integral de Cine y Televisión – Centro de Investigación Cinematográfica (Argentina). Desde 2015 trabaja como Coordinador de Artes Audiovisuales en la Bienal de Arte Joven de Buenos Aires. Es Programador de Artes Audiovisuales del Centro Cultural Recoleta de Buenos Aires. Desde 2018 selecciona los proyectos del laboratorio del Festival Márgenes Madrid y coordina la beca RAW (Residencia Arché-Work creada entre el Doclisboa y el Festival Márgenes Madrid) para películas en desarrollo y proyectos de investigación y crítica iberoamericanos. Recientemente ha lanzado el sitio homeagain.tv, espacio que reúne todo tipo de películas liberadas en la web.

1. Apenas un delincuente (Hugo Fregonese, 1949)

En uno de sus almuerzos con Biskind, Orson Welles dijo que con El ciudadano el cine clásico había llegado un pico y que solo le quedaban dos opciones: o repetirse para volver a alcanzar este pico y así aumentar su biblioteca de grandes obras; o reinventarse y experimentar con la forma hacia otros caminos. Creo que el cine argentino llegó a este pico en Apenas un delincuente, una película que además logra filmar como pocas el ADN de parte de la sociedad argentina.

2. El candidato (Fernando Ayala, 1959)

La dupla Ayala-Viñas estrenan El jefe y El candidato con solo un año de diferencia. Entre las dos hacen un retrato magistral de las clases políticas argentinas, retrato que sigue perfectamente vigente y trascendió las referencias políticas de su época.

3. Los de la mesa 10 (Simón Feldman, 1960)

Siempre me gustó pensar en esta película como el comienzo de toda la generación del 60: los jóvenes, la ciudad, el disconformismo y una estética y formalidad urbana que vamos a ver a lo largo de toda la década. Ojalá que con la restauración en camino del Museo del Cine se la vea más y se la ponga en el lugar que merece. Una película hermosa, libre, hecha entre amigos (como todo buen cine), que documenta su época.

4. Este es el romance del Aniceto y la Francisca, de cómo quedó trunco, comenzó la tristeza y unas pocas cosas más… (Leonardo Favio, 1966)

Sobre cómo filmar el amor (o el des-amor). No es mi Favio favorito, pero sí el mejor.

5. Los traidores (Raymundo Gleyzer, 1972)

Una demostración de que el gran cine también se puede hacer en presente (y siempre vale más en presente). Entretiene, tiene rigor cinematográfico, es valiente, y está llena de herramientas (registro documental, archivo y ficción) puestas en función de la película y no por un mero virtuosismo. Con una postura política tomada, denuncia pero no señala, sino que reflexiona. Es clave para entender a la sociedad argentina del presente y de parte del siglo XX. Debería estar en la lista de las grandes producciones culturales históricas del país.

6. Jornadas de cine experimental con Werner Nekes (Claudio Caldini, 1980)

Con la idea de perfección en las listas de las 10 mejores, se suele dejar injustamente al cine experimental, ese cine menos perfecto y más libre, en un sitio marginal. Este cortometraje (que se encuentra en el canal de Youtube de Caldini) condensa el cine y espíritu de toda una generación de amigos y amigas que, pensando y aprendiendo a hacer cine en conjunto, hicieron películas hermosas e imperfectas.

7. Juan, como si nada hubiera sucedido (Carlos Echeverría, 1987)

La manera justa de filmar y contar una historia como esta. Es una película impecable e implacable que hace que alguien nunca termine de desaparecer. Hoy muchas veces me apena ver cómo frente a la necesidad de hacer películas como esta, el cine contemporáneo termina poniendo la forma o la experimentación sobre el tema y no en función de él.

8. El acto en cuestión (Alejandro Agresti, 1993)

Gigante. Dictablanda y cine fantástico. Salvo raras excepciones, el cine argentino hoy ni siquiera se anima a fantasear con hacer una película así.

9. Pizza, birra, faso (Israel Adrián Caetano, Bruno Stagnaro, 1997)

La película que encontró la estética de producción adecuada para el cine independiente argentino y le mostró a toda una generación de cineastas el camino hacia donde podía ir (camino que se siguió bastante menos de lo reclamado).

10. Los guantes mágicos (Martín Rejtman, 2003)

Creo que, sin ser su intención central, Los guantes mágicos es la película que mejor muestra a la clase media de principios de milenio. A Rejtman siempre se le reconoció su maestría en su puesta, narrativa y sentido del humor, pero se habla mucho menos sobre su tacto para retratar a la juventud y parte nuestra sociedad.