Julia Kratje
Películas elegidas:
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23
48 votos
Camila
María Luisa Bemberg, 1984
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60
3 votos
Hay que educar a Niní
Luis César Amadori, 1940
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22
54 votos
La casa del ángel
Leopoldo Torre Nilsson, 1957
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52
11 votos
Esquirlas
Natalia Garayalde, 2020
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50
13 votos
Las furias
Vlasta Lah, 1960
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58
5 votos
Los labios
Iván Fund, Santiago Loza, 2010
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56
7 votos
Mi amiga del parque
Ana Katz, 2015
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17
67 votos
Nazareno Cruz y el lobo
Leonardo Favio, 1975
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47
16 votos
Ofrenda
Claudio Caldini, 1978
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19
62 votos
Zama
Lucrecia Martel, 2017
Como esas figuras acrobáticas de la semiología salvaje que practica Roland Barthes, las películas fragmentan y despliegan un discurso amoroso. Voy a ensayar, entonces, una paráfrasis:
A todo lo largo de la vida cinéfila las películas surgen en la cabeza del sujeto espectador sin ningún orden, puesto que dependen en cada caso de un azar (interior o exterior). En cada uno de estos incidentes (lo que vemos, lo que nos mira), les espectadores extraemos de la reserva (el tesoro, el archivo) de películas, según las necesidades, las exhortaciones o los placeres de su imaginario. Cada figura estalla, vibra sola como un sonido separado de toda melodía, o se repite, hasta la saciedad, como el motivo de una música dominante. Ninguna lógica liga las películas ni determina su contigüidad: a veces, las películas están fuera de todo canon, fuera de todo relato historiográfico; son Erinias: se agitan, se esquivan, se apaciguan, vuelven, se alejan, sin más orden que un vuelo de mosquitos. El dis-cursus Cinéfilx no es dialéctico; gira como un calendario perpetuo, como una enciclopedia de la cultura afectiva.
Es principio mismo de este discurso (y del listado que lo representa) que sus películas no puedan alinearse: ordenarse, progresar, concurrir a un fin (a un propósito preestablecido): no hay en él primeras ni últimas. Para dar a entender que no se trataba aquí de una historia de cinefilia (o de la historia de una cinefilia), para desalentar la tentación de la jerarquización, era necesario elegir un orden absolutamente insignificante. Se ha sometido pues la sucesión de películas (inevitable, ya que el listado está obligado, estatutariamente, a la progresión) a dos arbitrariedades conjugadas: la de la designación (título, autoría, año) y la del alfabeto.